Un relato de Fredric Brown

Bueno, esta historia la lei hace relativamente poco en un semanario cultural, por recomendación de un colega. Como me gusto mucho, es que decidi buscarla por el cyber espacio! y compartirlas con todos ustedes, no es identica a la que encontre en el diario pero si muy parecida (posiblemente halla variado en la traducción) sin más tinta para malgastar, es que les dejo con este relato que se desgusta solo.
EL SOLIPSISTA
Walter B. Jehová, por cuyo nombre no pido disculpas, pues en realidad ése era su nombre, habÃa sido un solipsista toda la vida. Un solipsista -por si acaso no conoce la palabra- es alguien que cree que él es la única cosa que realmente existe, que las demás personas y el universo en general sólo existen en su mente y que si dejara de imaginárselos dejarÃan de existir.
Un dÃa, Walter B. Jehová se convirtió en solipsista practicante. En una semana su esposa se habÃa fugado con otro hombre, habÃa perdido su empleo de funcionario en una agencia de envÃos y se habÃa roto una pierna corriendo tras un gato negro para evitar que se cruzara en su camino.
Convaleciente en una cama de hospital, decidió acabar con todo.
Miró a través de la ventana, fijó la vista en las estrellas, deseó que dejaran de existir y ya no estaban allÃ. Luego, deseó que todas las demás personas cesaran su existencia y el hospital se tornó extrañamente callado, incluso para un hospital. Después, deseó que el mundo desapareciera, y se encontró suspendido en un vacÃo. Se deshizo de su cuerpo casi con la misma facilidad y luego dio el paso final de desear que él mismo no existiera.
Nada sucedió.
-¡Qué extraño! -pensó. ¿Puede haber un limite para el solipsismo?
-SÃ -dijo una voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó Walter B. Jehová.
-Yo soy quien creó el universo que tú acabas de desaparecer con tu deseo. Y ahora has tomado mi lugar. Hubo un profundo suspiro. -Al fin puedo abandonar mi propia existencia, encontrar el olvido y dejarte a cargo.
-Pero, ¿cómo puedo yo dejar de existir? Es lo que estoy tratando de hacer, ¿sabes?
-SÃ, ya lo sé -dijo la voz. Tienes que hacerlo de la misma manera que yo lo hice: Crea un universo. Espera a que alguien en verdad crea lo que tú creÃste y desee que ya no exista. Luego te puedes jubilar y dejar que él tome tu lugar. Adiós.
Y la voz desapareció.
Walter B. Jehová estaba solo en el vacÃo y únicamente habÃa una cosa que podÃa hacer: Creó el cielo y la tierra.
Tardó siete dÃas.
